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El consumo interno de China retoma la senda del crecimiento tras la epidemia

La segunda economía mundial se va recuperando de las heridas infligidas por la epidemia del coronavirus. Poco a poco, las diferentes variables macroeconómicas de China van mudando el rojo del que las ha teñido la covid-19 por un negro más optimista. La industria fue la primera en recuperar el ritmo y en agosto se sumó, por primera vez este año, el consumo interno: según las estadísticas publicadas hoy, el mes pasado las ventas al por menor superaron las previsiones de los economistas y crecieron un 0,5% con respecto al año pasado. En total, los chinos gastaron 3,36 billones de yuanes (420.000 millones de euros).

Es un brote verde importante, ya que el mercado doméstico aporta en torno al 60% de la riqueza del gigante asiático. Pero la brecha con la industria sigue siendo evidente: la actividad industrial aumentó un 5,6% en tasa anualizada y logró revertir la caída del conjunto del año. Comparada con la de 2019, entre enero y julio la producción industrial había caído cuatro décimas, pero cuando se suma el dato de agosto, la variable da un vuelco y se sitúa ya en un crecimiento del 0,4%.

Afortunadamente para Pekín, la demanda interna crece aún más rápido, porque en julio todavía marcaba una caída del 1,1%. Así, la esperanza está en que China logre equiparar la velocidad a la que crece la industria con la del consumo. Los datos de sectores clave, como el de la aviación comercial -se encuentra ya en torno al 90% del nivel previo a la pandemia-, la automoción -las ventas han crecido cinco meses seguidos- o el turismo -beneficiado por la incapacidad de viajar al extranjero- son positivos e indican que China concluirá 2020 con un crecimiento mayor del esperado en un principio.

No obstante, todavía hay nubarrones en el horizonte. La inversión en activos fijos continuó cayendo en agosto -aunque solo un 0,3%- y preocupan tanto la deuda como la sostenibilidad de un modelo económico liderado por gigantescas corporaciones públicas lastradas por la ineficiencia y el exceso de capacidad de producción. «El problema es que el sector público crea mucho empleo entre un grupo de gente que tendría difícil encaje en la actividad privada. Si apenas hay paro en China es porque las empresas estatales absorben muchos trabajadores que no tendrían oportunidades de otra forma», comenta en Shanghái un empresario español que prefiere mantenerse en el anonimato. El desempleo urbano en el país cayó en agosto una décima y se situó en el 5,6%, pero un informe de la Universidad de Pekín estima que el 9% de quienes han perdido su empleo debido a la epidemia aún no lo ha recuperado.

«El foco de atención ahora está en el fortalecimiento del mercado interno. China busca la autosuficiencia también por la agresiva coyuntura internacional en su contra, marcada por el desacoplamiento que está buscando Estados Unidos. Pero será difícil que la economía continúe creciendo sin reformas significativas», comenta Joerg Wuttke, presidente de la Cámara de Comercio Europea en China. De momento, el desequilibrio entre las exportaciones y las importaciones apunta a que la dependencia de las primeras sigue siendo mayor de lo que al Partido Comunista le gustaría y que el poder del consumo interno se ha sobrestimado. «La producción se está recuperando más rápido que el consumo. Es lo opuesto a lo que sucede en otros países», ha reconocido Wan Zhe, economista jefe del China National Gold Group, al diario Global Times.