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¿Por qué los mercados no tienen problemas de abastecimiento pese al estado de alarma?

Pese al confinamiento domiciliario decretado por el gobierno para frenar la expansión del coronavirus, las paradas siguen llenas y se ha ampliado el reparto a domicilio

Son las 11 de la mañana y la parada de Merche Puchades no parece resentirse del aislamiento domiciliario impuesto por el Gobierno. Al revés. A pesar de que ya ha transcurrido más de una semana desde que se decretara el estado de alarma, su puesto de frutas, ubicado en el corazón del Mercado Central de Valencia, ofrece una imagen muy distinta de las fotografías de supermercados con lineales vacíos que han recorrido todos los grupos de Whatsapp de España.

El género ocupa todo el mostrador y los clientes ni tan siquiera tienen que hacer cola para comprar. Un vistazo por todo el mercado basta para comprobar que el suyo no es un caso excepcional. Todas las paradas tienen un buen surtido de producto.

Las normas impuestas para evitar la propagación del coronavirus han supuesto un esfuerzo añadido y nuevas rutinas de trabajo para los vendedores, que ahora tienen que adelantar sus compras en Mercavalencia, hacer las transacciones en el menor tiempo posible e incluso hacer de repartidores improvisados. Nada de ello, sin embargo, ha conseguido vaciar sus paradas.

¿Por qué entonces los estantes de los supermercados sí muestran carencias en ocasiones? La respuesta no está en el estado de alarma ni en las medidas de confinamiento domiciliario porque Merche, también presidenta de la Asociación de Vendedores del Mercado Central, no ha tenido problemas de abastecimiento hasta ahora.

"Es cierto que hemos cambiado el procedimiento. Ahora llamamos a nuestro proveedores para hacer el pedido previamente. Así sólo tenemos que recogerlo y no perdemos más tiempo del necesario en Mercavalencia. Pero no hemos visto que se resienta la cadena de distribución. Conseguimos todo tipo de género sin ningún problema", asegura. Donde sí se ha visto una merma es en la afluencia de compradores a las instalaciones más allá de los primeros días de la crisis. Mientras en los supermercados es fácil ver colas en el acceso, en el Mercado Central la dinámica es muy diferente.

La clientela entra de manera fluida y compra sin aglomeraciones. Lo mismo, asegura Merche, ocurre en el resto de mercados de la ciudad. La carencia en algunos supermercados y la abundancia de los mercados y de las tiendas de alimentación de barrio, cree, tienen más que ver con un exceso de celo en la aplicación de las restricciones de movilidad.

"Tenemos algunos clientes habituales que nos han dicho que no han conseguido llegar al mercado. Les paran y les dicen que tienen que ir al supermercado más próximo, que no pueden caminar un par de manzanas más para ir a comprar al mercado. Pero eso, creo, es peor porque se generan colas y luego, cuando la gente consigue entrar al establecimiento, no queda el producto que buscan porque todos van a comprar al mismo sitio. No tiene sentido".

Para evitar este bloqueo y garantizar que todo el mundo pueda adquirir productos frescos, los mercados municipales y el pequeño comercio de alimentación han ideado diferentes sistemas de reparto a domicilio. En el caso del Mercado Central, se ha reforzado el servicio a domicilio ya existente y los propios vendedores están recibiendo comandas telefónicas y a través del Whatsapp, encargos que después reparten los propios comerciantes.

En el Mercado de Ruzafa, mientras tanto, el sistema elegido es otro. Los vendedores recogen el pedido también vía telefónica o por Whatsapp y, cuando está preparado, avisan al comprador para que pase a recogerlo. De esta manera, indican, el cliente tan sólo tiene que pasar a recogerlo y no pasa más tiempo del necesario en las instalaciones. Son opciones que también se han puesto en marcha en otros mercados y en comercios minoristas de alimentación de algunas localidades valencianas.

"En el Mercado Central algunos vendedores cogemos el pedido y tratamos de agrupar todo el género que pide el cliente para llevárselo", continúa Merche. Los cambios de rutina en los mercados de producto fresco también incluye a los formatos de pago. El bizum, un sistema de pago por el móvil, ya no es una fórmula extraña entre los vendedores.

"Muchos aceptamos ya el pago por bizum para que sea más fácil la transacción telefónica", sostiene Merche con la confianza de quien sabe que los mercados han sabido adaptarse a la situación de emergencia.